A veces los mejores platos nacen de un gesto inesperado. Como este estofado de cordero, hecho con los recortes que mi carnicero Joaquín me regaló mientras me contaba cómo su abuela convertía lo humilde en algo delicioso. Y mientras cocinaba, sentí que estaba siguiendo exactamente ese legado: transformar ingredientes sencillos en un guiso lleno de aroma, cariño y ese sabor…


