Recuerdo perfectamente la primera vez que comí pasta con atún, porque tenía un dolor de estómago de esos que sólo la vergüenza te da el suficiente coraje como para no ir caminando retorcida con la nariz tocando las rodillas, con la falsa ilusión que, en aquella posición estarás mejor. Por mal que quede, confieso: Elegí le linguine al tonno, sin…


