Tostar el arroz. En una cazuelita, sin añadir grasa, tuesta el arroz a fuego medio-alto durante 2-3 minutos, removiendo constantemente. Esto ayuda a que el arroz absorba mejor los líquidos sin perder textura.
Deglasear con vino blanco. Vierte el vino blanco y deja que se evapore el alcohol, removiendo para que el arroz lo absorba bien.
Cocer con caldo. Añade el caldo caliente poco a poco, de un cucharón en un cucharón, removiendo regularmente, pero tampoco hace falta que constantemente. No añadas más hasta que el arroz haya absorbido el anterior. Sigue este proceso durante 15-18 minutos, hasta que el arroz esté al dente y cremoso.
Añadir los quesos. Retira del fuego y añade gorgonzola, stracchino, scamorza y parmesano. Remueve enérgicamente hasta que los quesos se derritan y el risotto quede bien cremoso. Añade la mantequilla, recién sacada del congelador y saltea con el arroz, para un extra de untuosidad.
Servir con un acabado elegante. Sirve el risotto en el plato y deja que se asiente sin manipularlo demasiado. Decora con pistachos picados, algunas hojitas de maggiorana fresca y virutas de parmesano. Un toque de pimienta negra recién molida realzará aún más el sabor.