Ensalada de alcachofas crudas y virutas de Parmigiano

Por Mia Mattarello

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No sé si en un momento u otro  habréis sido fans extremos de algo o alguien hasta el extremo vergonzoso de perder la dignidad sólo al oír su nombre. Cuando era más joven confieso haber pasado por este tipo de experiencias cutre-místicas en relación a una variada gama de artistas musicales, cinematográficos e incluso literarios que ahora mismo me tomo la libertad de no nombrar con la excusa barata, pero real, que ninguno de ellos/ellas tenía nada que ver con Italia. Aunque hoy en día ya no me dejo arrastrar por la admiración o instintos más bajos hacia algunas las personas, con algunos alimentos se me va literalmente la olla. Si no compartiera la habitación la forraría con pósteres de trufas del bosque en bañador; si fuera más joven tiraría mi ropa interior al mostrador de los quesos y, a la protagonista de la ensalada de hoy, la alcachofa, cuando la veo sacando la cabeza por la bolsa de plástico de alguien, que la ha raptado antes que yo, debo respirar muy hondo y repetirme que lo nuestro no funcionaría para no gritarle el famoso “¡Queremos un hijo tuyo!”.

Afortunadamente para mí, en Roma y alrededores abundan los platos en los que la señora alcachofa romana, de hojas exteriores medio lilas y muchísimo más aprovechables y tiernas que las nuestras, es la estrella absoluta. Los ejemplos más famosos son: a la romana (rellenas de menta, ajo, perejil y hervidas en aceite) y a la judía (fritas enteras en aceite de oliva). A la ensalada protagonista del post de hoy la conocí gracias a mi pasión histérica por este vegetal, un impulso similar a aquel que me llevó a rogar compulsivamente a mi pobre padre que me alquilara una copia VHS de uno de los films más espantosos del planeta Who’s that girl?, por culpa de mi idolatría por su protagonista. Cuando leí carciofi no valoré, ni imaginé nada más. Me deslumbraba la palabra y me impidió leer otra que la acompañaba, no poco importante: INSALATA. Cuando llegó el dichoso invento, antes de animarme a probarlas, pasé un larguísimo minuto intentando acordarme de todas y cada una de las ideas de este gran genio de los inventos improvisados. Eran crudas… Finalmente desestimé la idea de echarme a llorar o auto-propinarme un par de bofetadas, me armé de valor y las probé. Fantásticas. Habían superado una prueba tan dura y definitiva como aquella a la que tantos machos sensibles y sensatos someten a sus amadas para saber si “es ella”: Imaginarlas calvas y haciendo esfuerzos sentadas en la taza del váter. Si te continúan gustando tanto o más, se trata de amor verdadero.

La ficha


Ensalada de alcachofas crudas y virutas de Parmigiano

 
Tiempo de cocción
Tiempo total
 
Autor:
Número de raciones: 2

Ingredientes

  • 2 alcachofas
  • 1 limón
  • 1 cucharadita de mostaza de Dijon
  • ½ cucharadita de miel
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Perejil

Instrucciones

  1. Lavar y pelar las hojas más exteriores y duras de las alcachofas. Ponerlas en remojo en un bol lleno de agua y el zumo de un limón, para que no se oxiden.
  2. Meter el aceite, la mostaza, miel, sal y pimienta a gusto en una taza y batir con un tenedor hasta conseguir una vinagreta, que en este caso, no contiene vinagre, pese al nombre.
  3. Escurrir las alcachofas, secarlas con papel de cocina y cortarlas en rodajas muy finas. Si no se tiene una mandolina toca bastante las narices, todo sea dicho.
  4. Picar un poco de perejil.
  5. Depositar las rodajas de alcachofa en el plato, aliñarlas con la vinagreta, repartir las virutas de Parmigiano por encima y espolvorear con el perejil.

 

 


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